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miércoles, 22 de enero de 2014

Tal día como hoy, hace un año


Tal día como hoy, hace un año, volvíamos a casa con nuestra pequeña. Nevaba, y nos despertamos temiendo que la nieve nos impidiera. Por eso urgimos al personal para que nos gestionaran el alta hospitalaria y poder salir lo antes posible.

Para la ansiada alta primero tenían que pesar a Lily. Si no había ganado peso tendríamos que quedarnos y darle un suplemento de biberón. Pero yo estaba convencida de que había engordado por fin.

La tarde anterior, al comprobar que seguía perdiendo peso, me dijeron sin más: “le vamos a dar un biberón”. Y se fueron a buscarlo. Cuando regresaron, yo, educadamente, me negué. Ya había notado la subida de la leche, que había tardado más de la cuenta por eso de la cesárea, y mi bebé todavía no había llegado a la preocupante barrera del 10% de pérdida de peso. Lo entendieron y me dieron de plazo hasta la mañana siguiente. En cuanto desaparecieron me puse a comer y beber todo lo que pillé por la habitación para tener un poco de energía (a alguien se le olvidó quitar de mi menú la comida de dieta sin sal y me estaban matando de hambre): chocolate, gominolas, jamón y lomo con pan, un trozo de la tarta de cumple de mi sobrino,…

Y funcionó. Bebé subió 90 gramos en 15 horas. Estábamos listos para la vuelta al hogar.

En este caso, a pesar de que finalmente respetaron mi voluntad, me molestó bastante el tono impositivo de las enfermeras. Si yo no llego a ser como soy le hubieran dado el biberón. ¿Hubiera tenido consecuencias? Posiblemente no, o no muy graves. Pero solo posiblemente.

Muchas veces, en los hospitales de maternidad, se obsesionan con algún tema y, sin informarte siquiera, toman decisiones apresuradas o medidas desmesuradas. Al hijo de un compañero de trabajo le dieron un biberón sin previo aviso. A una buena amiga, sin embargo, obsesionados con la pronta subida de la leche, le colocaron el sacaleches para estimular dicha subida. Pero, ¡porelamordetres! Si eso es algo completamente natural que acaba sucediendo sí o sí (salvo raras, rarísimas excepciones), somos mamíferos perfectamente programados para alimentar a nuestros hijos, ¿para qué torturar los pechos ya torturados de una recién parida?

Informarte, tener las cosas claras y ser firme en tus decisiones. Eso es lo que debería hacer toda mujer que no quiera ser ninguneada por la política protocolaria del hospital que elija/le toque en gracia.

Tal día como hoy, hace un año, llegamos a casa y comenzó a nevar a lo grande. Copos gigantes que caían suavemente llenando de magia el momento. Inolvidable. 

viernes, 17 de enero de 2014

Una carta de amor


Mi pequeña Ratoncita:

Mañana es tu primer cumple. ¡Qué emoción! Mamá se está volviendo un poquito loca con la merienda de cumpleaños que te vamos a preparar, pero es que no todos los días se cumple un añito. Sí, ya sé que no te vas a enterar de nada, si soy yo la primera que se lo dice a todo el mundo cuando me preguntan por un posible regalo para ti, pero yo soy tu madre, tengo derecho a perder la chaveta.

Mi princesita, mi bebé, mi amor… ¡Qué grande estás ya! Me emociono al recordarte tan frágil y pequeñita, recién nacida, entre mis brazos. Y ahora te miro, te veo feliz, sana, alegre, vivaz, valiente, fuerte,… Y me emociono más aún. ¡Tendrías que ver la cara de embeleso con la que te miro cuando estás concentrada en tus juegos y exploraciones! Se me cae la baba. Y no es para menos, eres la niña más bonita que he visto nunca.

¿Amor de madre? ¡Pues claro! Pero eso no me quita razón. Eres preciosa, por dentro y por fuera. Tienes una sonrisa que enamora a todo el que se la cruza. Tu risa es mi canción favorita. Cuando me rodeas con tus brazos y apoyas tu cabecita en mi hombro querría congelar el tiempo. Das unos besos tan tiernos que nos derrites a todos por dentro. ¡Hasta tus tortas me gustan! Como dice tu primo Joel, profundamente enamorado de ti, son tortas de amor. Y es que no hay nadie que se resista a tu encanto.

También tienes tu puntito de genio, que no está nada mal. Mamá pensaba que, de buena que ibas a ser, todos te tomarían el pelo y te manejarían como quisieran. Pero mis temores se han disipado. Porque sabes defender tus intereses, ¡vaya que si sabes! A veces te enfadas un montón con mamá o con papá, cuando no te dejamos jugar con el tambor de la lavadora o coger las naranjas que tanto te gustan, pero enseguida se te pasa. Con un poquito de paciencia y una buena dosis de amor todo se resuelve más fácilmente.

Mi bebé, has cambiado mi vida, la has vuelto del revés, la has puesto patas arriba,… ¡Muchas gracias! Nunca había sido tan feliz. A pesar de que nunca había sentido tanto miedo, tantos miedos. Miedo a que te pase algo, a que me pase algo, a que le pase algo a papá,… Y miedo a estar haciéndolo mal. Aunque este último se me pasa rápido cuando veo todo lo que hemos conseguido los tres juntos.

No hablo de tus logros psicomotrices, cada niño tiene su ritmo y no es un mérito que el tuyo sea tan acelerado. Hablo de lo cariñosa e independiente que eres, de lo bien que comes, de tu afán explorador, de tus poquitos miedos y tus muchas inquietudes, de tu firmeza y tu valentía,… Todo eso lo hemos construido juntos, sí. Porque, por más que hable la gente de la suerte que hemos tenido estoy plenamente convencida de que el modelo de crianza que hemos elegido se lleva parte del mérito.

Hubo un tiempo en el que, por momentos, pensé que no lo lograríamos, que nunca seríamos papás. Ahora miro atrás y se me llenan los ojos de lágrimas. De emoción, de gratitud, hasta de cierto orgullo propio por no haber cejado en la lucha. Me siento plena, pletórica, formando parte de esta pequeña familia que hemos montado.

Una vez le dije a tu padre algo muy hermoso que oí en una película y que se ajustaba a la perfección a mis sentimientos: “tú haces que quiera ser mejor”. Pues bien, “tú haces que lo consiga”.

Gracias, mi Lily, mi Mononoke, mi bizcochito, mi galletita, mi vida, mi amor, por el mejor año de mi vida.

Te quiero, Beatriz, infinito y sin huequitos.

Un millón de besos, mordisquitos y achuchones:

Mamá

martes, 31 de diciembre de 2013

Una por una 2013 - 2014


Venga, esas uvas virtuales…

La primera, por mi princesa, estaba cantado, ¿verdad?

La segunda, por el padre de mi hija, el hombre al que más quiero en el mundo, mi príncipe.

La tercera, por mis gatitas, mi familia, tan pacientes y cariñosas.

La cuarta, por mis padres.

La quinta, por los demás niños de mis ojos, mis sobrinos.

La sexta, por el resto de mi familia.

La séptima, esta me la tomo a mi salud.

La octava, por los nuevos amigos y las amistades renovadas que me trajo el 2013,

La novena, por los viejos amigos, por los de siempre.

La décima, por mis amigos virtuales, ¡gracias por seguir ahí a pesar de mis ausencias!

La undécima, por ti, mi querido amigo. Tu recuerdo me acompaña siempre. Te quiero. Te echo de menos. Qué putada.

La duodécima, ¡por mi princesa de nuevo! Porque tú eres mi principio y mi fin. Te quiero, mi amor.

¡Feliz 2014!

jueves, 19 de diciembre de 2013

Feliz Navidad


Ayer mi princesa cumplió once meses. ¡Once meses! ¡ONCE MESES! Hace un suspiro era una ranita pequeñita con los ojos cerrados que se pasaba veinte horas al día durmiendo y, ahora, de repente, es un terremoto de insaciable curiosidad y voraz afán explorador. Ya está dando sus primeros pasos, come cosas como lentejas, salmón y mandarinas con fruición, se ríe cuando nos reímos, entiende algunas de las frases que le decimos y no para de charlotear en su lenguaje particular de ruiditos y grititos. ¡Es una minipersonita!

Es alegre, risueña, cariñosa,… Pero tiene su puntito de mala leche, algo que me tranquiliza bastante. Veréis, pensé que, con lo buenina que es, a la pobre la iban a manejar como quisieran. Pero parece que no va a ser así, tiene una peculiar y contundente manera de expresar su disconformidad con determinadas situaciones.

Mi casa se ha convertido en una escombrera, me paso el día sorteando montones de libros, juguetes, trapos, cacharritos,… que ella se dedica a sacar compulsivamente de sus lugares apropiados, rara afición. Me acuesto rendida, a veces mucho más tarde de lo que quisiera, con la sensación de que, a pesar de no haber parado en todo el día, aún me queda mucho por hacer. Lo de ducharse todos los días es un sueño inalcanzable. La ropa me dura limpia unos tres minutos. He desarrollado la peculiar habilidad de hacer un montón de labores con una sola mano (con la otra sostengo a mi hija)… ¡SOY TAN INMENSAMENTE FELIZ!

Sí, FELIZ en mayúsculas. Porque, como solemos decir 7ven y yo, nuestra hija nunca nos va a querer tanto como ahora, estos momentos no vuelven, el tiempo vuela y… ¡los platos sucios pueden esperar a mañana! Jugar con ella, dormir a su lado o simplemente mirarla, ¿puede haber algo mejor?

Mi pequeña princesa, esta será nuestra primera Navidad juntas. Tú no la vas a disfrutar como lo harás durante las próximas, apenas te vas a enterar, pero para mí, gracias a tu presencia, este año será más mágica que nunca. 



Os deseo, queridos amigos, que la magia que me acompaña este año os envuelva durante el próximo y os empuje a luchar por cumplir vuestros sueños. Algunos, si te empeñas, se cumplen. Yo tengo la prueba en forma de besos pegajosos y mordiscos de amor.

¡Feliz Navidad!

jueves, 21 de noviembre de 2013

Primeras Veces: el baño


Este año hemos tenido muchas "primeras veces". ¡Y todavía nos quedan un montón más! Algunas son emocionantes, otras estresantes, dolorosas, divertidas,... Algunas os parecerán banalidades, pero para una mamá (y para un papá), cada "primera vez" es un momento importante, ya sea por la lección que encierran o porque se convierten en pequeños tesoros para guardar en la caja de los recuerdos,...

Seguimos en el primer día de vida de mi pequeña. Una auxiliar entró en la habitación y me dijo: “hoy toca bañar a la bebé”. Yo pensé: “¡vaya, que suerte! A mí todavía no me han dejado…”

-¡Perfecto! –Dije ilusionada.- ¿Cómo lo vamos a hacer? ¿Me traéis vosotras una bañera o tengo que ir a algún sitio?

La auxiliar me miró extrañada:

-¿Pero es que vas a bañarla tú?

¡Pues claro! He de decir que, en un primer momento, la pregunta me molestó. Pensé que le parecía mal que quisiera darle a mi hija su primer baño. Luego, cuando me trajo la bañera, oí que le comentaba a su compañera: “mira no-sé-quién que no para de quejarse y hay que hacérselo todo, y esta, con la cesárea recién hecha, y quiere bañar ella misma a su hija”.

A darle el baño me ayudaron 7ven y sus tíos Carrín y Pollo. Mientras 7ven llenaba la bañera Carrín se encargó de la logística siguiendo mis instrucciones: sacar la ropa, preparar los aperos,… Luego  me ayudaron a levantarme del sillón para apoyarme en la cama elevada. Desvestí a mi pequeña con mucho mimo, aprovechando para llenarla de besitos y acariciar su piel suave. La sumergí en el agua calentita mientras hablaba con ella, contándole lo que estábamos haciendo, procediendo tal y como nos explicó Rosana, la matrona de mi pueblo,  en los cursos de prepapis. Cual cirujana iba pidiendo el instrumental: champú, jabón, toalla, pañal, bodie,… Hasta finalmente tener a mi bebé limpita y abrigada entre mis brazos.

Fue una experiencia muy placentera, a pesar del dolor y la incomodidad, algo que disfrutamos mucho las dos. Y que aún hoy disfrutamos.

Algunas veces se baña sola, otras nos bañamos juntas, la mayoría de los días simplemente nos duchamos, y los sábados vamos juntas a la piscina. ¡Nos encanta el agua! 

lunes, 18 de noviembre de 2013

Las madres lloran


Después de parir pasan muchas cosas en el interior del cuerpo de la mujer. En cuestión de hormonas, yo pensé que estaría preparada después del entrenamiento durante el embarazo… Pero, como en tantas otras cosas, estaba equivocada. Ese torrente de desequilibrio emocional que ahoga las neuronas cual tsunami… Nadie está preparado. Ni propios ni ajenos.

Durante aquellas primeras 24 horas de vida extrauterina de mi hija tuve el peor ataque de emotividad de mi vida. Era un momento de relativa tranquilidad en la habitación del hospital, un momento íntimo de “solo féminas”, con mi hermana y mi sobrina. De repente recordé el momento en que sostuve entre mis brazos por primera vez a mi sobrina, mi Bichobola, la que ha sido para mí casi, casi como una hija. Y recordé lo que pensé: “¿podré querer alguna vez a un bebé más de lo que quiero a este?” Y me puse a llorar. Pero no llorar bien, esas lágrimas silenciosas que ruedan por la mejilla mientras media sonrisa ilumina tu cara… No señor, ¡llanto incontenible con pucheros mil!

Carrín y Bichobola lo fliparon. Y, para tranquilizarlas intenté explicarme… Entre sollozos conseguí contarles mi hilo de pensamiento, tratando de describir el inmenso sentimiento que me embargó al recibir a mi hija, sentimiento que hizo palidecer a aquel del pasado. Consecuencia, las tres llorando. Y, al minuto, las tres riendo entre lágrimas.

Durante más o menos el primer mes seguí sufriendo embarazosos e inesperados episodios de llanto. Esperaba que, con el tiempo, las aguas volvieran a su cauce y mi emotividad se serenase… Es verdad que me he serenado, pero las hormonas post-parto dejan holgura y ahora me emociono con una facilidad asombrosa. Y es que las madres lloran, eso es así.

domingo, 23 de junio de 2013

La REVELACION

Ya os comenté lo poquito que nos atraían a 7ven y a mí los recién nacidos. Igual a mí un poco más, siempre me han inspirado mucha ternura. Me gustaba la idea de acunarlos, achucharlos un poquito,… ¿Y luego, qué? Pues un rollo, pensaba yo. Porque, ¿qué hacen los recién nacidos? Nada. Comer, dormir y llorar.

Niñeros, de siempre. Los dos. Cada uno a su manera. Pero eso de un bebé tan pequeño… Hasta que nació nuestra princesa.

Los dos fuimos víctimas de un flechazo. Os cuento cómo lo viví yo, que imagino que se parece mucho a lo que sintió 7ven. Fue algo instantáneo, salvaje. Sentí crecer en mí un amor fiero, abrasador, un instinto de protección como nunca había imaginado… Y, de repente, sentí cómo el suelo se abría a mis pies. Tuve la revelación: por más que me quiera mi hija, nunca su amor se acercará al que siento yo por ella.

Como madre fue un descubrimiento doloroso. Como hija, reverencial.

Igual, algún día, en un futuro muy lejano, mi hija decide ser madre, lo es y sufre su propia revelación. Ese día por fin sabrá cuánto la quiero.

Mientra tanto, ¡qué diablos! ¡A disfrutar de este amor loco todo lo que pueda!


viernes, 14 de junio de 2013

Historia de un alumbramiento IV: un accidentado final feliz

*Es una entrada larguísima, vosotros lo habéis querido.

-¡Nada! Quince minutitos se tarda… Y la madre, una hora en reanimación y a la habitación.

Así nos lo vendieron. A la  media hora de estar esperando en un claustrofóbico cuarto sin ventanas 7ven mandó un mensaje a mi madre y a Carrín, que se habían quedado en la habitación: “no desesperéis, esto va para largo, ni han empezado”.

Después de eso apareció el anestesista, un tipo extrañísimo que nos dio muy mala espina. Hablaba como se movía, a cámara lenta. El chiste, claro, no faltó, ¡estaba destinado a su profesión! No me gustó, no nos gustó. Ni un pelo (como su cabeza).

A la hora, ¡por fin! Me metieron en el quirófano. Imagino que todos los que habéis pasado por un quirófano recordáis lo desagradable que es estar en pelotas delante de tanta gente. Pues ahora imaginad: yo sentada al borde de la camilla con la puñetera bata de hospital resbalándose todo el rato mientras un celador me sujetaba de los hombros inmovilizándome para que me pusieran el catéter para la epidural. Él, pudoroso, se empeñaba en subirme la bata, pero resbalaba una y otra vez… Al final me dio la risa, claro. Esperpéntico. Y, a todo esto, el anestesista de los huevos protestando porque no tuviera puesto el catéter.

Luego me tumbaron en la camilla-crucifixión, tan fina que si me despisto me pego un morrazo. Vías por aquí, monitores por allá, una pantalla de papel que parecía un mantel desechable de restaurante de carretera,… Y de repente noto algo extraño.
-Se me están durmiendo los brazos.
-No puede ser –responde el anestesista.
¡Pero qué puta manía tienen los médicos con el dichoso “no puede ser”! No es la primera vez que lo sufro, pero sí la más grave.
-Oiga, que sí puede ser y es…
Y él, ni caso.

A los pocos minutos me empezó a resultar dificultoso respirar y se lo comuniqué con calma.
-Eso es que estás nerviosa, tranquilízate.
Imaginaos lo tranquila que se queda una cuando el médico de turno no le hace ni puto caso. Respirar era cada vez más chungo y me empecé a sentir muy atontada, hasta el punto que se me pasó por la cabeza una reflexión estúpida: joder, con lo que me ha costado esta nena y me voy a morir sin conocerla.

En esas elucubraciones estaba cuando el anestesista me sacudió.
-…Eh? -Estaba muy atontada.
- Que qué te estoy haciendo – debía llevar un rato preguntándome.
- No lo sé…- Levanté la cabeza y vi con espanto que me estaba frotando con fuerza el pecho, justo bajo la clavícula, ¡y yo no notaba nada! Si ya le decía yo, que se me estaban durmiendo los brazos, que no podía respirar,…

Por fin me hizo caso: oxígeno, cambio de inclinación de la camilla,… Luego, el muy hdp le dijo a 7ven (-que no se lo creyó, me conoce bien-) que me había puesto un poquito nerviosa, ¡jajajaja! El que se puso nervioso es él.

Aun así siguió haciendo comentarios de los suyos:
-No puedo tragar
-Si puedes respirar puedes tragar. -¡Ole sus huevos!

Pero, olvidemos por el momento al cafre este… Yo oía en la lejanía de mi atontamiento a los médicos. Uno dijo algo así como “vaya niño” y pensé: “¡anda, es un niño! Y todo este tiempo pensando que era una niña…” Pero, al momento, tras oír unos lloros muy enérgicos, levantaron a mi bebé por encima del mantel de papel para que la viera y me dijeron: aquí tienes a tu hija.
No puedo describir lo que sentí en ese momento. Era una cosa feíta, con la cara amoratada y llena de restos pegajosos, un montón de pelo sucio pegado a la piel y gesto de rana, que me enamoró. Pensé: “no pasa nada si es feuchina, para mí siempre será mi princesa”.

Enseguida me la quitaron de la vista y yo no hacía más que preguntar por ella: quería verla, quería tocarla,… Al cabo de lo que me pareció una eternidad me la trajeron de nuevo envuelta como un tamalito para que la viese antes de que la llevaran con su padre, mientras a mí me cosían.

Sabiendo que estaba bien, que estaba con 7ven, toda la tensión acumulada aquellos días se evaporó y me entró un sopor tremendo.

Del quirófano me llevaron a reanimación, pero antes pude ver a 7ven y a mi niña. Estaban esperándome a la salida del quirófano. Yo quería tocar a mi hija, cogerla, besarla,… pero el efecto de la anestesia se iba pasando y me temblaba el cuerpo incontroladamente. Una enfermera me la acercó y la emoción me colapsó: ¡Es tan bonita! Era preciosa, perfecta,… ¿Cómo había podido pensar que era fea? ¡Si era la cosa más linda que había visto en mi vida! Entre lágrimas me aparté de un manotazo la mascarilla y le di un besito en la nariz. En una hora estaría otra vez con ella… ¡Ilusa de mí!

Los astros se conjuraron contra mí y hasta pasadas tres horas no me llevaron de nuevo a mi habitación, donde esperaba toda mi familia disfrutando de mi pequeñaja. Una operación de apendicitis de urgencia y una enfermera que no se enteró de que mi alta estaba firmada. Y todo ello aderezado con una nueva discusión con el anestesista:

-Tengo frío.
-No, estás temblando.
-Ya sé que estoy temblando, pero también tengo frío.
-No, estás temblando –¡Mheeee, conversación entrando en bucle!

Menos mal que el celador se apiadó de mí y me enchufó un aparato de aire caliente por debajo de la sábana.

La máquina que me tomaba la tensión cada tres minutos porque daba error no me dejaba descansar bien pero me medio adormilé mientras el efecto de la anestesia daba paso al tremendo dolor. Aunque había perdido la noción del tiempo llegó un momento en que comencé a impacientarme. Quería estar con los míos, quería sostener a mi niña, lo necesitaba,… Empecé a calentarle los cascos a la enfermera para que hiciera lo necesario. Cuando por fin solventaron sus problemas de comunicación el anestesista (de nuevo) y la enfermera, ella se me acercó y me dijo:
-¿Cómo te encuentras, te duele?
-Sí.
-Te voy a dar un calmante, cuando empiece a hacer efecto te llevan a la habitación.
A los treinta segundos la llamé:
-Ya no me duele.
-Eso lo dices para que te saquemos de aquí.
-No, de verdad que ya estoy mucho mejor. -Mentira cochina, pero me daba igual.
Ella sonrió indulgente y llamó a los celadores.

¡Vaya cracks! Entre dos me llevaron y no pudieron evitar golpear la cama contra toda puerta, esquina y recodo del camino. Cada golpe venía acompañado de una sacudida de dolor que, en mi delirio de cansancio y ansiedad, me cuidé muy mucho de disimular, no fuera  a ser que me devolvieran a reanimación. Por fin llegábamos a la habitación… Vi a mi madre, al resto de mi familia, todos querían hablarme, preguntarme, abrazarme,… Yo solo quería que me dieran a mi niña…

No soy capaz de recordar con claridad ese momento, solo recuerdo la sensación de paz, de trabajo terminado, de alivio,… y de AMOR. ¡Es tan bonita…! repetía una y otra vez… Y lo sigo repitiendo.


lunes, 10 de junio de 2013

Historia de un alumbramiento III: risas y llanto

Después de un “sabroso” desayuno apareció la matrona, algo más calmada (-imagino que trabajar de noche produce ese efecto, a la mañana siguiente tienes tanto sueño que pierdes fuelle-) para ponerme una nueva vía y despedirse, ¡¡bravo!!

Cuando llegó la nueva matrona la habitación se llenó de luz. María, inolvidable. ¡Con qué claridad lo explicaba todo! ¡Qué mimo ponía en las exploraciones! Simpática, cercana, cariñosa,… Estábamos encantados.

Me enchufaron la oxitocina y poco a poco empecé a notar las contracciones. Al principio no eran dolorosas, y cuando empezó a doler era algo soportable. Yo paseaba, me sentaba, me tumbaba, ¡hasta bailaba! Había llevado mi propia música, un variado de lo más ecléctico, lo que había escuchado durante el embarazo.

María volvió al rato y, a ritmo de November Rain, me rompió la bolsa. En ese instante supe que no me había equivocado insistiendo en que me ingresaran. Mi hija ya tenía el intestino maduro y, como apuntillo mi madre, se había cagado en su madre. Eso, a medio plazo, hubiera supuesto sufrimiento fetal. Respiré tranquila, había tomado la decisión correcta.

A partir de ese momento empezó el show. Cada vez que me reía, y, creedme, me estaba riendo mucho, un chorro de líquido amniótico se escurría entre mis piernas sin que pudiera hacer nada, ¡aggggg! Y claro, más risas. Y mi madre persiguiéndome, cámara en mano, haciéndome toda clase de fotos comprometidas, ¡hasta haciendo pis! Sí, con dos vías, la monitorización y las bombas de medicación, la verdad es que era digno de ver.

Poco a poco las contracciones fueron aumentando en intensidad y el dolor ya no era tan soportable, pero, aun así, no quería saber nada de la epidural. Sin anestesia podía estar de pie y pasear, algo que podía ayudar a acelerar el parto.

Alrededor de las ocho de la tarde me exploraron de nuevo. Solo había dilatado un centímetro y la oxitocina estaba a tope, así que vino la ginecóloga a verme para decirme lo que tanto temía yo: lo más recomendable era hacer una cesárea.


¡Cómo lloré! Estaba agotada y dolorida, con un desarreglo hormonal tremendo, y todo lo que había planeado para mi parto de desmoronaba ante mí… Pero no quedaba otra, era lo mejor. Así que, sobre las nueve y media de la noche, me llevaron , junto con Stephen, a la zona de quirófanos.

lunes, 3 de junio de 2013

Historia de un alumbramiento II: el primer día en el hospital.

El jueves por la mañana recibimos la visita de la primera de las tres matronas que me atendieron, no recuerdo su nombre. Nos explicó el plan: ese día me pondrían un medicamento hormonal en el cuello del útero para ver si así se desencadenaba el parto. Si no bastaba con eso, al día siguiente me pondrían el goteo de oxitocina para provocar las contracciones y ver si así se desencadenaba el parto.

Me esperaba un día muy largo, vestida con la humillante bata abierta por detrás y  conectada, por un lado, a la vía que me suministraba la medicina para controlar la hipertensión y,  por otro, al cinturón de monitorización para vigilar las contracciones uterinas y el latido del corazón del bebé. ¡Y para colmo malcomiendo! Porque, si la comida de hospital no es para tirar cohetes, imaginaos lo que es la de dieta sin sal.

Ahí estaba yo, saboreando las fantásticas galletas de arena del desayuno, cuando apareció mi hermana, Carrín, cargada de globos y ricas viandas: jamón ibérico, lomo, chorizo, pan, chocolate,… Para el después… ¡Pero si quedaba una infinidad para el después! Por lo menos disfruté jugueteando con los globos…

Las horas pasaban y aquello no parecía funcionar. Llegó la hora de la comida incomible con el postre más horroroso que he probado en mi vida, la merienda de panecillos sin sal, la insulsa cena,… Reconozco que le di algún tiento al chocolate, una de mis mayores debilidades durante el embarazo, ¡me moría de hambre y ganas! Dormitamos, reímos, charlamos,…

Por la noche me atendió una nueva matrona, una que no me gustó nada. Estaba aceleradísima y me hablaba de malas maneras. Me hizo mucho daño con la exploración y le tuve que llamar la atención cuando quiso echar a mi madre. ¡Pero, por favor, que mi madre me ha visto en los peores momentos de mi vida, no me daba ningún pudor que viera cómo la bruta esa metía su manaza en mi mismísimo! Me informó, como si fuera culpa mía, de que el tratamiento hormonal había fracasado, así que, por la mañana me pondrían el goteo.


Así acababa el primer día de ingreso, con un deje de desesperanza, algo de nervios, fabricando paciencia para nosotros y para todos los esperaban las buena nuevas teléfono en mano…

martes, 28 de mayo de 2013

Historia de un alumbramiento I: el ingreso.

Hacia el final del embarazo ocurrió algo inesperado: me subió la tensión. ¿Por qué? Pues porque a algunas embarazadas les pasa. Y a mí me tocó. A unas les toca aguantar náuseas y mareos y a mí me tocó la hipertensión.

Y eso no era nada bueno, ni para la bebé ni para mí. Para más información, googueleen, que no nos vamos a meter en rollos médicos ahora.

La cosa es que la matrona me tenía controladísima: tomas de tensión diarias, dieta sin sal, caminar una hora al día, vida tranquila,… Pero me dijo una cosa que me dejó fría: si te tiene que subir, te subirá, no hay nada que podamos hacer. ¡Cuánta razón! A pesar de todos los cuidados, a diez días de salir de cuentas mi tensión superó los límites seguros.

Eran las ocho de la tarde del 16 de enero. Yo acababa de llegar a casa después de la última sesión del curso preparto y procedí a tomarme la tensión. Lo repetí hasta tres veces con intervalos de 10 minutos, como me habían enseñado. La cosa no pintaba bien. Además, tenía otros pequeños síntomas: presión en la cabeza, visión de “moscas”, algo más de hinchazón,… Le dejé una nota a 7ven para que me llamara cuando llegara a casa –la cosa no era tan urgente como para tener que salir corriendo- y me bajé a mi última reunión de vecinos como presidenta (de paja, porque todo el curro lo ha llevado mi vecina de piso, ¡qué maja!).

Cuando 7ven llegó a casa y leyó la nota le entraron ganas de darme una colleja. Que tenía que haberle llamado, que si estoy loca, que si blablabla,… Entre risas organizamos lo poco que quedaba por organizar, avisamos a mi madre (-mamá, ¿te apetece que nos vayamos de excursión al hospital?- La pobre la estaba en la cama.), cenamos, me duché tranquilamente y nos pusimos en marcha.

En urgencias nuevas tomas de tensión, análisis, monitorización, exploración, rostros circunspectos,… La doctora nos llamó para darnos los resultados. Que me marchara a casa y pidiera cita con mi ginecóloga para que ella decidiera si me tenían que provocar el parto. ¿Cómo? Mi matrona, que me resulta bastante más fiable que esa doctora imberbe que no conocía de nada y que parecía más estar lavándose las manos que otra cosa, me dejó muy claro que con esa tensión lo más seguro era provocar el parto. Le expuse mis temores a la muchacha. ¿Qué tensión tengo que tener para volver a urgencias? Ante su respuesta, me quedé atónita. ¡Pero si me acaban de tomar la tensión y está por encima de esos valores! De repente, cambió de parecer. Algo así como “el que paga manda”. Que tengo razón, que no es descabellada la idea de provocar el parto, que puede ser peligroso,… Resultado final: ingreso.


Y allí nos encontrábamos, a las dos de la mañana, en la habitación del hospital, mi madre, 7ven y yo, dispuestos a pasar la primera de muchas noches. 

lunes, 4 de junio de 2012

Un trocito de Angola


*Lo primero de todo, os informo de que, a pesar de las prolongadas ausencias, las cosas van bien, pero no puedo dedicarle mucho tiempo a mis blogs. Los vuestros los leo a diario, aunque no comente. Se me hace muy “cuesta arriba” lo de escribir en el ordenador. Algún día os lo explicaré con más detalle, ;)

Hoy algo cortito. Como lo de que yo termine el vídeo de mi viaje a Angola empieza a ser una quimera, si queréis conocer un poquito más de ese país maravilloso, esta noche en Madrileños por el Mundo, lo podréis ver. Y, además, podréis escuchar a algunos de los amigos que hice por allí. Yo no me lo voy a perder, ¡qué nostalgia!

Para los no-residentes en Madrid, y para los que lleguéis tarde, podéis verlo también en Internet.

¡Volveré pronto!

martes, 22 de mayo de 2012

Primer Aniversario


Vaya, yo que había dicho que no escribiría en martes y miradme, resulta que ahora solo escribo en martes, ¡qué cosas! Ya avisé, no soy buena cumpliendo promesas.

Hoy tengo excusa, no es un martes cualquiera, ¡¡feliz cumpleaños, Diga 33!!

Hace un año tomé una decisión, después de tres años escribiendo en A partir de los 30 iba siendo hora de cambiar, así que, después de darle muchas vueltas –los cambios no son lo mío-, di el paso.

Después llegaron tiempos convulsos. Una noticia inesperada le dio la vuelta a mi vida y dejé de lado mi recién parido blog durante muchos meses.

Pero esto de los blogs atrapa, envuelve, engancha. Así que, al cabo del tiempo, a pesar de que nada estaba bien, volví.

Ahora parece que casi puedo tocar el ansiado feliz desenlace. Eso me mantiene de nuevo a medio gas en la esfera bloguera. Apenas escribo, y leo cuando el cuerpo me lo permite. Pero sigo aquí, no me voy. Solo a ratos.

Hoy es un día para celebrar, así que celebremos. Muchísimas gracias a todos los que pasáis por aquí, a los que dejáis vuestra huella en forma de comentario, a los que me animáis consciente o inconscientemente a seguir en este bello mundo virtual.

¡Feliz martes! ¡Nos leemos!

*Por cierto, la decisión de mudarme fue providencial. Al poco tiempo A partir de los 30 desapareció. Menos mal que tenía una copia de seguridad y pude recuperar casi todas las entradas… Por si algún día os apetece daros una vuelta, aquí lo tenéis volcado.

martes, 15 de mayo de 2012

15 de mayo


Hoy es un día especial. Por varios motivos. Para empezar, es martes, así que no debería estar escribiendo, pero como es un martes distinto me puedo permitir ese lujo. Porque hoy es San Isidro, una de las fiestas que más me gustan de mi ciudad. ¡Me zampaba ahora mismo una bolsa llena de rosquillas! Me encantaría estar paseando por las Vistillas, vestida de chulapa, con mi cesta de picnic bajo el brazo, disfrutando del ambiente castizo. Una pena no poder ir.

Otro motivo que hace especial a este día es el primer aniversario del movimiento 15M. Ha sido muy emocionante seguirlo todos estos días a través de las distintas televisiones en directo, hoy no faltaré a la gran cita con la pantalla. A esto tampoco puedo ir.

Por último, hoy mi abuela cumpliría años. Murió hace mucho, muchísimo, y apenas guardo recuerdos de ella. Mi madre siempre se pone taciturna por estas fechas, pero este año no le durará. Está cumpliendo uno de sus sueños: viajar a Chicago. Y, además, está con su querido polluelo, el Señor Marqués.

Y eso me trae por fin la conclusión de este escrito que empezó sin rumbo definido. ¡El Señor Marqués vuelve a casa! Se acabó echarle de menos, que no esté en nuestros encuentros familiares, la incertidumbre de no saber si llegará a tiempo en Navidad, o si podremos verlo en verano.

Estoy contenta, estoy feliz. Al contrario que los demás miembros de la unidad familiar, yo nunca pensé que se fuera a quedar por tierras estadounidenses. Él ya conoce la vida de expatriado y sabe que no es nada fácil.

Agosto… ya queda menos. 

viernes, 13 de abril de 2012

Lo que quedó de las vacaciones

-Y te habrá llovido, ¿no?
-Pues la verdad es que no. Solo un día.
-¿¿¿¡¡En Galicia!!??

Esta conversación es de esas que me grabaría en una chapa para no tener que repetirla una y mil veces después de las vacaciones. Que a mí poco me llueve, una que tiene esa suerte.
El olor a piedra y humedad, a humo y a empanada. El jardín, con su balancín, su patio de piedra, su pozo, su grama castigada por el seco invierno. El sol reverberando en la pátina que el orbayo dejó. Los frutales colmados, la lantana pelada, los arbustos sin hortensias, la huerta cargada de flor.
Mis abuelos, siempre activos, más cariñosos que nunca. Ella que es capaz de ofrecerte más de trescientos alimentos en un tiempo record. Él poniéndole el toque humorístico con su ironía fina. Incansables.
Los reencuentros. Los peces de las monjas. Las novedades que van cayendo a gotitas, como si de un grifo mal cerrado se tratase. El Miño, Playa América, La Guardia, Camposancos, Caldelas, Areneros. El café en el Central, la estrella en el Cielo, el bocata en el Fornos.
Quedar en Areses, pasear por la Corredera, comprar el cariño de Lola con las chuches de Mel. Subir por las Olivas y bajar por los jardines.
Sentir que por fin estás en casa.
Mi gente. Mi tierra. Mi hogar. Contando los días para la vuelta.






martes, 10 de abril de 2012

El Primer Beso

¡Joder! ¡Qué chungo se ha puesto blogger! Y como desde aquí no tengo acceso al navegador de marras esto de publicar se está convirtiendo en misión imposible… Bueno, haremos lo que se pueda. La entrada que tenía preparada para hoy me la como, porque si tratar de darle formato al texto es difícil no os quiero ni contar las dificultades que tengo para subir imágenes, ¡he sudado la gota gorda para publicar en Un Mar de Cristal! Así que hoy toca esta, que estaba guardada en la recámara desde hace un tiempo…
Julio de 1992. Irlanda. Él, Gonzalo, de 13 años, un pelirrojo monísimo. Yo, un poquito mayor que él –tenía 14-, pero igual de pez en temas amorosos. Vamos, que hasta ese verano yo pensaba que era fea como un demonio, que nunca gustaría a un chico. Pero oye, fue salir del círculo habitual y se me cayeron las etiquetas. Y allí estaba yo, convertida en sex-symbol, teniendo que elegir entre Sean, el irlandés de 19 años que se quedó prendado de mí en la parada del bus, y Gonzalo.
Sean era encantador, pero teníamos problemas de entendimiento. Era mi primer verano en Irlanda y todavía me costaba eso del inglés. Además, vivía en la ciudad, y yo no. Y, para colmo, iba demasiado deprisa. El día que nos conocimos ya me plantó un beso en los morros. Un beso muy casto, eso sí, pero para una recién salida al mundo de lso chicos aquellos era un gran paso. La decisión estaba tomada. Gonzalo y yo empezamos a salir el mismo día que dejé plantado a Sean.
Fueron dos semanas preciosas. Estábamos juntos con los amigos, luego íbamos a pesara de la mano o agarrados de la cintura… El beso se hacía esperar. Yo lo hablaba con mis amigas y él con sus amigos. Para mí estaba claro, tenía que ser él el que diera el primer paso. Miedo, expectación, un poquito de repelús… Y ganas. Todo un cúmulo de sentimientos contradictorias en torno a la espera del primer beso de enamorada.
El puente. El puente es el escenario de grandes momentos allí, en Irlanda. Punto de reunión, de partida y de despedida, hasta allí paseábamos juntos cada tarde en soledad y allí nos separábamos.
-Me voy, que ya llego tarde –dije yo.
De repente, como John Wayne en El Hombre Tranquilo, Gonzalo tiró de mí, me agarró por la cintura y me besó. El mundo se paró. Fue mágico. El instante en que nacieron esas mariposas que aletean furiosas en mi bajo vientre en los momentos más excitantes.
Nuestro idilio no duró mucho, pero se ha quedado prendido en mi recuerdo como algo hermoso.
¿Recordáis vuestro primer beso? ¿Es un buen recuerdo? ¡Contadme!

martes, 27 de marzo de 2012

Momento-vergüenza

Acabo de tener un estúpido episodio sincopal, una lipotimia, vamos, una bajada de tensión con mareo, sudoración fría, aumento de las pulsaciones, náuseas,… En medio del pasillo, en el curro. Es un coñazo. Sí, un coñazo con todas las letras. Porque no puedo hacer nada por solucionarlo más que esperar, porque siempre tengo que montar el numerito y porque no hay nada como ver a un grupúsculo de gente reunida para que todo el mundo pregunte qué pasa. Vox pópuli en treinta segundos.
No es algo nuevo, pero hacía tiempo que no me pasaba. Recuerdo la vez que pasé más vergüenza. Estaba en una tienda en mi pueblo y noté que me venía. Traté de salir de allí, siempre pienso que voy a conseguirlo pero nunca lo consigo, así que, a mitad de camino, en medio de uno de los pasillos, tuve que tirarme al suelo porque no podía más. Una vez en el suelo la sangre vuelve a regar el cerebro y todo empieza a mejorar. Pero poco a poco, mientras a tu alrededor se congregan curiosos y preocupados, preguntando sin cesar. Y a una le dan ganas de gritar: ¡déjenme tranquilita un momento, por favor! Pero la voz no sale, una está más ocupada tratando de respirar normalmente.
Aquello se saldó con la regañina de todos los que estaban a mi alrededor: ¡mira que no desayunar con este calor!, con una botella de suero glucosado intravenoso en la ambulancia, otra regañina de las enfermeras y un montón de personas desconocidas preguntándome durante meses cómo me encontraba a cada paso que daba por el pueblo.
En la consulta médica, en medio de una celebración futbolística, en una reunión de amigos en mi casa,… Debería estar acostumbrada, pero a los momentos vergonzosos una nunca se acostumbra.

viernes, 23 de marzo de 2012

Pues parece que se ha quedado buena noche…

O: “lo entiendo, pero no lo comparto”.
Cada vez que organizamos alguna salida acabamos repitiendo hasta la saciedad determinadas coletillas. Somos así, así somos.
Pasamos el puente de San José en Fontanosas. Chimenea, paseos por el campo, siestas sobre las piedras a la vera del río, barbacoa, tortillas, cerveza –mucha cerveza-, algo de verde alegría, cursos rápidos de fotografía,… Y amigos, los de siempre. ¿Qué mejor plan?
Aquí os dejo algunos de los momentos más divertidos que, armada con mi folio y mi boli, recogí in situ:
·         1500… (Ese fue nuestro precio final, 500 más si fingimos que nos gusta)
·         Rumbas: si el caballo es un caballero, el rey un rey, ¿qué coño es la sota?
·         Poio (hablando de FitoGuapo): la primera vez que te vi desnudo se te estaban quemando los huevos. Sin palabras…
·         Carrín: ¡El laberintifauno! Tratando de recordar el título de la película.
·         Poio: Cuántas estrellas, se puede ver hasta la constelación Neskuik.
·         Poio (asomado a la ventana cuando la habitación estaba llena de humo porque la chimenea no tiraba bien): aire, humaraca… y no puedes vivir.
·         Vir: no afunces. En realidad no dije eso, pero Rumbas lo entendió así y me obligó a registrarlo. Dije “azuces”.
·         Rumbas: el rizoma humano es un gen que se comparte muchas pocas veces. (Rumbas y yo con las cabezas pegadas compartiendo rizos).
·         Carrín: quiero chocolinas. En realidad quería chocolatinas, su obsesión del finde, pero hasta a ella le acaba afectando el alcohol.
·         Andrécoli: Mery Poppins es la Lady Gaga de los años 50 (en su campaña contra la susodicha. Él defiende que el verdadero protagonista es el deshollinador).
·         Andrécoli: Nadie me cree, pero Rumbas es un Furby.
·         Vir Lo bien que te quedas después de una noche conmigo. (A Rumbas, hablando de lo mucho que nos reímos, ¡malpensados!)
·         Rumbas: podemos jugar al stripcinquillo
·         Poio: Te he visto hacerlo, pero no me he podido apartar. (Cuando un corcho le golpeó la cabeza).

Estas las tengo apuntadas, pero no consigo acordarme de quién las dijo. La próxima vez tendré que apuntarlo también, además de intentar esmerarme con la letra, porque hay frases que no he conseguido desentrañar:
¡Joder! Cómo están las palmeras, parece que se ha subido Keith Richards. (Hablando de la bollería)
·         To’ chichirimundi.
·         Gratuíticos
·         ¿Y si el caballo no quiere a la caballa y sí al mamporrero? Tienes que esquivarlo en plan Bruce Lee.
·         ¿Has cenado? No, yo prefiero pajitas.
·         Mientras te tocas crece.
·         ¿Lo bien que quedaría la canción de “por qué a mí se me ha caído una estrella en el jardín” en plan heavy?
·         Tiene que ser un móvil que funcione (pensando en llamar a los que venían el sábado para que trajeran pan y hielo).
·         Parecemos los trotaperros.
·         Como era… chupar, es que no me acuerdo.
Y en junio, más. ¡Ganas, ya!

viernes, 16 de marzo de 2012

De cambio de planes

Se ha muerto J.
Aquí se muere mucha gente. Es más, muchos viene a morir. Es algo con lo que convivimos, ley de vida que asumimos como parte de nuestro día a día.
Pero con J ha sido distinto. Era un tipo diferente, un espíritu libre que murió poco a poco con la institucionalización. Nunca quiso entrar en la rueda. Le costaba acatar las normas, amoldarse a las rígidas rutinas.
Era un tocapelotas, pero de esos que caen bien, de esos a los que les coges cierto cariño. Y estoy segura de que tuvo una vida de lo más interesante. Aquí se sentía enjaulado, sin ganas de seguir adelante.
Hoy me planteo de nuevo esas cuestiones existenciales que tanto incomodan. ¿Deben las instituciones proteger a toda costa al individuo de sí mismo? ¿Deben gastar recursos extraordinarios en algo inevitable? ¿Debemos seguir jugando a ser pequeños dioses poniendo la vida por encima de la dignidad? Y, a modo personal, ¿qué harías yo si me tocara a mí/mis?
Había pensado despedir la semana con algo más alegre pero, como humanos que somos, la muerte no se adapta a nuestros planes de vida. Hoy, después de la noticia, solo quería reflejarlo. Disfruten mucho, nunca se sabe.

viernes, 9 de marzo de 2012

Una de sueños

Hace un par de días tuve un sueño…, bueno…, raro…, ejem…, inesperado… Vamos, que soñé con un compañero, un sueño bastante desconcertante. No fue un sueño erótico en toda regla, pero sí tuvo cierto componente sexual.
Todos los días, sobre las dos de la tarde, tenemos nuestro momento relax de charla (política-fútbol-fútbol-política), un ratito antes de que yo termine mi jornada y él la empiece.
Pues, cuando fui ayer a verlo, nada más entrar me puse roja como un tomate y me dio la risa floja. Y es que los sueños muchas veces actúan en el recuerdo como experiencia vivida, y es de lo más embarazoso soñar algo de esa índole con alguien con quien no tienes ese tipo de relación y que encima tienes que ver a diario.
¡Qué mundo este de los sueños! 7ven siempre protesta (en broma) cuando le quiero contar alguno, porque los míos son de lo más elaborado.
Y vosotros, ¿soñáis? ¿Cuál es el sueño más raro que recordáis?
¡Feliz fin de semana!