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martes, 22 de mayo de 2012

Primer Aniversario


Vaya, yo que había dicho que no escribiría en martes y miradme, resulta que ahora solo escribo en martes, ¡qué cosas! Ya avisé, no soy buena cumpliendo promesas.

Hoy tengo excusa, no es un martes cualquiera, ¡¡feliz cumpleaños, Diga 33!!

Hace un año tomé una decisión, después de tres años escribiendo en A partir de los 30 iba siendo hora de cambiar, así que, después de darle muchas vueltas –los cambios no son lo mío-, di el paso.

Después llegaron tiempos convulsos. Una noticia inesperada le dio la vuelta a mi vida y dejé de lado mi recién parido blog durante muchos meses.

Pero esto de los blogs atrapa, envuelve, engancha. Así que, al cabo del tiempo, a pesar de que nada estaba bien, volví.

Ahora parece que casi puedo tocar el ansiado feliz desenlace. Eso me mantiene de nuevo a medio gas en la esfera bloguera. Apenas escribo, y leo cuando el cuerpo me lo permite. Pero sigo aquí, no me voy. Solo a ratos.

Hoy es un día para celebrar, así que celebremos. Muchísimas gracias a todos los que pasáis por aquí, a los que dejáis vuestra huella en forma de comentario, a los que me animáis consciente o inconscientemente a seguir en este bello mundo virtual.

¡Feliz martes! ¡Nos leemos!

*Por cierto, la decisión de mudarme fue providencial. Al poco tiempo A partir de los 30 desapareció. Menos mal que tenía una copia de seguridad y pude recuperar casi todas las entradas… Por si algún día os apetece daros una vuelta, aquí lo tenéis volcado.

martes, 15 de mayo de 2012

15 de mayo


Hoy es un día especial. Por varios motivos. Para empezar, es martes, así que no debería estar escribiendo, pero como es un martes distinto me puedo permitir ese lujo. Porque hoy es San Isidro, una de las fiestas que más me gustan de mi ciudad. ¡Me zampaba ahora mismo una bolsa llena de rosquillas! Me encantaría estar paseando por las Vistillas, vestida de chulapa, con mi cesta de picnic bajo el brazo, disfrutando del ambiente castizo. Una pena no poder ir.

Otro motivo que hace especial a este día es el primer aniversario del movimiento 15M. Ha sido muy emocionante seguirlo todos estos días a través de las distintas televisiones en directo, hoy no faltaré a la gran cita con la pantalla. A esto tampoco puedo ir.

Por último, hoy mi abuela cumpliría años. Murió hace mucho, muchísimo, y apenas guardo recuerdos de ella. Mi madre siempre se pone taciturna por estas fechas, pero este año no le durará. Está cumpliendo uno de sus sueños: viajar a Chicago. Y, además, está con su querido polluelo, el Señor Marqués.

Y eso me trae por fin la conclusión de este escrito que empezó sin rumbo definido. ¡El Señor Marqués vuelve a casa! Se acabó echarle de menos, que no esté en nuestros encuentros familiares, la incertidumbre de no saber si llegará a tiempo en Navidad, o si podremos verlo en verano.

Estoy contenta, estoy feliz. Al contrario que los demás miembros de la unidad familiar, yo nunca pensé que se fuera a quedar por tierras estadounidenses. Él ya conoce la vida de expatriado y sabe que no es nada fácil.

Agosto… ya queda menos. 

viernes, 27 de abril de 2012

Recuperando viejas y bellas costumbres

¡Por fin es viernes! Es que esta semana ha sido muy dura. También muy bonita, la verdad. Semana de reencuentros varios, de conocer a personas inolvidables, de sentir mucho y muy bello.
Hoy he cogido el paraguas. Me encanta mi paraguas: grande, hongo y transparente, con un ribete rosa y el mango del mismo color. Además de protegerme de la lluvia me protege de los portadores de paraguas que no son conscientes del espacio que ocupan. ¡Pero casi no lo he usado! Esta mañana, cuando he mirado por la ventana, he visto esa bruma que emborrona las luces y he sonreído feliz pensando que por fin podría pasearlo.
Me encanta la lluvia. Hombre, para días como hoy que me toca ir de un lado a otro preferiría que no lloviera, pero no me importa mucho. Cuando iba de camino al curro miraba los campos cubiertos de niebla y me ha dado la sensación de que por fin teníamos con nosotros el tan ansiado invierno.
Año raro. Nos robaron el invierno. Ahora nos roban la primavera. Igual también nos quedamos sin verano.
Os preguntaréis, ¿a qué viene todo esto? A nada. Solo escribo. Me gusta escribir, aunque no hable de nada en particular. Al fin y al cabo eso es lo que me trajo a este lugar sin lugar, ¿verdad?
Feliz fin de semana, puente, semipuente o lo que sea que disfrutéis.

miércoles, 25 de abril de 2012

Desbarrando

Últimamente voy a contrarreloj. Tengo la agenda repleta de citas: médicos, cumpleaños y cenas varias, la ITV, el Encuentro con Escritores, quedar con amigos que quieren mi novela en mano,…  Las próximas dos semanas van a ser de locura. Ayer me llamaron del médico para cambiarme día y hora y tuve que sacar la agenda y estrujarme los sesos para encontrar el hueco adecuado. Y llevo la mano siempre pintarrajeada con cosas que ¡madremía! Mejor que no se me olviden…
Me gusta, me gusta estar así, hiperactiva. Casi no tengo tiempo de pararme a pensar. Todas las entradas de Un Mar de Cristal hasta el jueves están programadas, apenas puedo dedicarle ratitos a este blog, mi vía de escape. Pero hoy me apetece desbarrar un rato.
Estaba pensando… me toca ponerme a estudiar de nuevo. Por fin hay fecha de examen y una ya está cansada de ser la eterna interina. Aquí estoy muy bien, tengo mi sitio, pero sé que no puede ser así para siempre. No porque tenga yo especial interés en crecer laboralmente, mi desarrollo profesional va por otros derroteros, pero esta inamovilidad cansa.
Pero… ¡me da tanta pereza! No solo tener que meterme de nuevo con las leyes, eso creo que lo tengo superado. Brego cada día con ellas, cada vez me resulta más sencillo enfrentarme a los vericuetos de la legislación y hasta le encuentro su atractivo –y hasta me entretengo en buscar las posibles lagunas o dobleces-. No, lo que realmente me da pereza es volver a empezar.
Veréis, yo no soy simpática. De primeras no suelo caer en gracia. Me cuesta adaptarme a las nuevas situaciones, a las nuevas personas, a los sitios nuevos. No me gustan los cambios. Ahora lo llevo mejor, la vida es un constante cambio y no queda otra que intentar adaptarse lo mejor posible, pero sigue sin gustarme.
¡Y estoy tan bien aquí! El trabajo no es para nada el de mis sueños, ¡ni de lejos! Pero tengo buenos compañeros, incluso buenos amigos, me he ganado el respeto de casi todos y me siento muy cómoda.
En fin, si tuviera la plaza en propiedad imagino que no me hubiera quedado mucho tiempo. ¡Hala! A estudiar toca.

viernes, 13 de abril de 2012

Lo que quedó de las vacaciones

-Y te habrá llovido, ¿no?
-Pues la verdad es que no. Solo un día.
-¿¿¿¡¡En Galicia!!??

Esta conversación es de esas que me grabaría en una chapa para no tener que repetirla una y mil veces después de las vacaciones. Que a mí poco me llueve, una que tiene esa suerte.
El olor a piedra y humedad, a humo y a empanada. El jardín, con su balancín, su patio de piedra, su pozo, su grama castigada por el seco invierno. El sol reverberando en la pátina que el orbayo dejó. Los frutales colmados, la lantana pelada, los arbustos sin hortensias, la huerta cargada de flor.
Mis abuelos, siempre activos, más cariñosos que nunca. Ella que es capaz de ofrecerte más de trescientos alimentos en un tiempo record. Él poniéndole el toque humorístico con su ironía fina. Incansables.
Los reencuentros. Los peces de las monjas. Las novedades que van cayendo a gotitas, como si de un grifo mal cerrado se tratase. El Miño, Playa América, La Guardia, Camposancos, Caldelas, Areneros. El café en el Central, la estrella en el Cielo, el bocata en el Fornos.
Quedar en Areses, pasear por la Corredera, comprar el cariño de Lola con las chuches de Mel. Subir por las Olivas y bajar por los jardines.
Sentir que por fin estás en casa.
Mi gente. Mi tierra. Mi hogar. Contando los días para la vuelta.






viernes, 16 de marzo de 2012

De cambio de planes

Se ha muerto J.
Aquí se muere mucha gente. Es más, muchos viene a morir. Es algo con lo que convivimos, ley de vida que asumimos como parte de nuestro día a día.
Pero con J ha sido distinto. Era un tipo diferente, un espíritu libre que murió poco a poco con la institucionalización. Nunca quiso entrar en la rueda. Le costaba acatar las normas, amoldarse a las rígidas rutinas.
Era un tocapelotas, pero de esos que caen bien, de esos a los que les coges cierto cariño. Y estoy segura de que tuvo una vida de lo más interesante. Aquí se sentía enjaulado, sin ganas de seguir adelante.
Hoy me planteo de nuevo esas cuestiones existenciales que tanto incomodan. ¿Deben las instituciones proteger a toda costa al individuo de sí mismo? ¿Deben gastar recursos extraordinarios en algo inevitable? ¿Debemos seguir jugando a ser pequeños dioses poniendo la vida por encima de la dignidad? Y, a modo personal, ¿qué harías yo si me tocara a mí/mis?
Había pensado despedir la semana con algo más alegre pero, como humanos que somos, la muerte no se adapta a nuestros planes de vida. Hoy, después de la noticia, solo quería reflejarlo. Disfruten mucho, nunca se sabe.

lunes, 5 de marzo de 2012

If only I could...

Hubiera sido buena. ¡Qué digo buena, muy buena! Tenía el talento y la pasión necesarios. Soy inteligente, igual no brillante, pero sí por encima de la media. Soy concienzuda, cuando algo se me mete entre ceja y ceja no descanso hasta hallar el camino, la solución, la manera. Soy paciente, infinitamente paciente. Soy hábil con las manos, delicada y meticulosa. Soy organizada, tengo carácter, orgullo. Hubiera sido la mejor.
Y, aunque SÉ que no me equivoqué, una parte de mí nunca dejará de preguntarse si realmente no me equivoqué. Esa parte que no deja de repetir “algún día”, aunque en mi fuero interno sepa que no, que ese día no llegará.
Dos sueños. Dos caminos. Sendas separadas que no se cruzan. ¿Llegaré al final de la que elegí?

martes, 14 de febrero de 2012

Retiro espiritual

Los libros de Registro, una foto de Lisboa, el calendario congelado en el día de hoy, un taco de post-its de colores, mi caja magnética de clips, el quitagrapas negro –el azul desapareció-, mi colección de sellos, la tinta roja y la tinta azul, un capuchón sin boli, un boli sin capuchón, el subrayador verde, la taladradora, mi botella de cristal, la taza y la cuchara, el celo en su soporte. Mi teléfono, claro, y mi ordenador, el mejor del despacho, prebenda de ojito derecho. La silla balancín, mi cajón desordenado, Roberta –así se llama mi impresora-, la destructora de papel, Flavio –mi calefactor-.
No, no voy a echar nada de menos.

viernes, 27 de enero de 2012

Cosas que pasan

Pasan muchas cosas. Pasan y yo sigo asistiendo como espectadora, sin más participación que la palabra. Los martes pasan y mis ganas de guerrear siguen ahí, latiendo. Pasa la muerte, hacía tiempo que no nos visitaba por estos lugares, y yo sigo preguntándome si tanto esfuerzo le merece la pena a alguien. Y pasa la vida, eso siempre es hermoso, aunque no deja de conllevar cierto toque dramático. Pasa Calíope, pero no se queda el suficiente rato como para que pueda embarcarme en algo más allá de estas líneas.
Siguen pasando cosas, pero yo ya no siento la obligación de dejar la huella. Por una vez soy fiel a mis promesas. Me prometí ser todo lo caótica que soy también en este mundo bloguero, no imponerme deberes, no hacer de esto algo que no es. Escribir cuando tuviera algo que decir y, además, quisiera decirlo. Porque una siempre tiene algo que decir, ¿verdad? Pero no siempre las ganas de compartirlo.
No me voy. No me he ido. Solo que… solo que no me apetece.
Feliz fin de semana.

lunes, 16 de enero de 2012

El tan esperado invierno

La niebla densa caía en pequeñas gotas que mojaban mi rostro al pasar, como de lágrimas que no derramé. La noche ya había caído cuando fui a despedirme por segunda vez en un mismo día. Sentí que todo estaba bien, que por fin el clima se acompasaba al ritmo lánguido de mi corazón.
Mi vida siempre ha sido una sucesión de despedidas y reencuentros, de lágrimas en el aeropuerto, tanto de tristeza como de felicidad. Una aprende a sobrellevarlo, no queda otra.
Aprendes a tener a la familia a una llamada telefónica, a abrazarlos en la distancia, a no contar con su presencia natural. Aprendes a disfrutar de las breves estampas, a cumplir años cuando te conviene y no cuando debe ser, a valerte por ti misma, a no sentir abandono o indefensión.
Ayer no lloré. Fue algo tremendamente egoísta lo que me llevó a no sentir la necesidad de desparramarme en humedades: la esperanza de que, por lo menos respecto al Señor Marqués, se trate de la última. Tampoco lloré con Malolito, y es que llevo toda una vida despidiéndome de él. Purita costumbre que no resta vacío.
Hoy tampoco lloro, que es lunes y llueve. Y la semana se presenta, cuanto menos, ocupada. No hay tiempo para las lágrimas. Sí para las sonrisas de invierno, bienvenido seas.

jueves, 5 de enero de 2012

A ti, Gaspar, siempre fuiste mi favorito

Estaba pensando… y se me van los dedos. Pensaba en escribir un relato, pero todos se pierden en miradas a través de una ventana salpicada de la tan ansiada lluvia. Entonces he empezado a viajar por el camino del recuerdo. Recuerdo una mentira disfrazada de lección moral. Hoy ya no me engañas, hoy sé que hago bien en perpetuar la ilusión, que ya vendrá el tiempo de crecer, que hay mentiras que merecen la pena.
Recuerdo las visitas a Gaspar, y tirarle de la barba para comprobar que era real. Y preparar los juguetes ya olvidados para que él se los pudiera regalar a los niños del hospital. Recuerdo esa mezcla de felicidad desbordante y nervios agarrados al estómago la  víspera de Reyes. El salón repleto de regalos y los mismos zapatos que le tocaban a mi madre cada año, durante los años de escasez, para que nosotras pudiéramos disfrutar de esa mañana mágica. Recuerdo las preguntas incómodas, siempre fui una niña avispada, y recuerdo cerrar los ojos a la realidad porque yo quería que no fuera tal como es. Recuerdo las lágrimas de mi hermana cuando, años después, tuve que ser yo la que se los abriera, y recuerdo cómo torné esa tristeza en alegría proponiendo participar.
Aún hoy le canto: “tengo ganas, tengo ganas, de que llegue mañana, para ver ya los regalos que me traen los Reyes Magos”. Aún hoy salgo a saludar a Sus Majestades con el reflejo de la emoción de mis sobrinos en mi rostro. Aún hoy siento un rescoldo de esa magia.
Queridos Reyes Magos:
No soy buena, pero no menos que los demás. Yo solo quiero una cosa, poder llenar de magia mi hogar cada 6 de enero. ¿Será mucho pedir?

martes, 20 de diciembre de 2011

¡Uy! Pero si hoy es martes...

Estaba pensando… mira tú qué tontería más grande, en lo curioso de los descansos. Durante estos meses he descansado de muchas cosas de mi vida: amigos, familia, obligaciones, aficiones,… y han sido los más agotadores que recuerdo.
El viernes, dos días después de comenzar el descanso en el descanso, llegué a casa ya muy entrado el sábado, con las piernas destrozadas, el cuerpo aterido y el corazón sacudido. Y, sin embargo, hacía tiempo que no me sentía tan descansada.
La vida vivida no cansa aunque agote. La vida en suspenso sí.
Me prometí no intensificarme, que de eso ya he tenido cubos llenos, así que, ¡vamos! En busca de la sonrisa. ¿Sí?

miércoles, 8 de junio de 2011

Pequeñas miserias

Un joven de treinta y pocos. Superó un cáncer que se ha vuelto a reproducir. Vuelta a empezar.
Una mujer de unos cincuenta años. También superó un cáncer. Ahora saben que tiene otro, pero no dónde está ni cómo localizarlo. Mientras tanto la metástasis evoluciona a pasos de gigante.
Otra mujer, madre de cuatro hijos, otra más que superó un cáncer. La hepatitis la está matando y deber someterse a un trasplante. Pero los tiempos protocolares lo impiden. Le quedan por lo menos tres años de espera.
Una familia destrozada por la marcha temprana de unos de sus miembros. Recién estrenada la sexta decena, en apenas cuatro días, muere. Justo el día de la boda de su hija.
Cada uno tenemos nuestras propias miserias, esos casos que nos rodean, nos tocan,  y nos quitan un poquito la ilusión. Pero es que la vida es así, una puta caja de sorpresas, y cuando menos te lo esperas te pasa eso que nunca crees a ti te pueda pasar.
¿Qué nos queda? ¿Sobreponernos? ¿Cambiar el plan? ¿Aceptarlo? Pues sí, supongo que sí. Nadie dijo que fuera fácil.
*Nota: una circunstancia sorpresa (no, en mi caso no es cáncer ni ninguna enfermedad grave) me tiene apartada de la esfera bloguera. Paso por vuestras casas de vez en cuando, leo y, si tengo ganas (que, para qué engañarnos, suele ser que no), dejo un comentario. No sé cuánto durará, si un día, una semana, un mes o un año. No tengo respuestas, solo la sensación de querer que el tiempo pase lo más deprisa posible. Volveré.

lunes, 30 de mayo de 2011

Tormenta

El cielo nocturno cubierto de nubes refulgía cada pocos segundos. El viento soplaba furioso. Un viento frío que agitaba algún poste suelto haciendo que este repiqueteara en el silencio de las sombras. Poco a poco el ambiente se cargó de humedad. El olor a tierra mojada lo invadió todo. Ahora los truenos retumbaban desgarrando la noche, y una cortina de agua frenética tapó la visión de las tinieblas. Después, la calma.
La montaña rusa. En primavera es inevitable. He aprendido a convivir con estos cambios de humor. También he aprendido a convivir con el vértigo que produce la descorporeización, un fenómeno frecuente cuando llegan los ciclos rápidos. Odio esta superconciencia de mí misma. A veces trato de imaginar cómo sería ser otra persona. O intento proyectarme en mi vecino de enfrente, y sea en el metro, comiendo con mi familia o disfrutando con mis amigos, intentar averiguar qué inquietudes lo mueven por dentro, cómo se ha llegado a formar su filosofía de vida, qué le llevó a pensar de una manera o de otra. Es agotador.
El otro día le decía a 7ven que yo no siempre he sido así, que no siempre he pensado de la misma forma, y que muchas de las cosas que pienso, muchos del os ideales que defiendo, son costosos de defender, porque van en contra de mi naturaleza humana, y a veces hasta de mi moral. Defender lo correcto a veces supone un coste emocional grande.
En realidad no tiene importancia. Son las tormentas primaverales.